joaquin Méndez

¿Para qué vivir sin ella?

 

Ella lloraba tras la ventana,  sus ojos eran dos ríos de lágrimas, su carita triste y sombría,

En la calle, Él cabizbajo con el sombrero  encajado hasta  los ojos, caminaba en silencio como un… sonámbulo, como un… autómata, como un muñeco al que se le acaban las pilas, al que le cuesta moverse.   Se estaba alejando  de su amor, de su mundo…de su propia  vida.  

Acababa de perderlo  todo, sus sueños, sus ilusiones, su felicidad, hasta las ganas  de vivir. Claro,  ya… ¿para qué quería vivir? Si…  ya no tenía nada, no  le quedaba nada, absolutamente nada.

Todó por lo que había luchado siempre y lo que tanto le había costado conseguir...  Acababa de perderlo todo…todo,  en un segundo, si… en décimas de segundo.

Ella.  El amor de su vida… su gran amor  lo había echado de casa, pero, ¿por qué? DIOS MIO  ¿Por qué? , Si todo había sido un mal entendido,  si él no la había traicionado nunca, nunca jamás.   Si todo había sido una  artimaña de su mejor amiga para hacerlos romper,  para romper su gran amor. 

 Iba  pensando y pensando.  Y todavía no sabía qué era lo que  estaba pasando.  Tenía un caos mental, que no había quien lo pusiera en orden.

La lluvia resbalaba por las alas de sombrero  hasta su morena cara, Sus pasos eran vacilantes, cansados.  Como si sus piernas  le pesaran toneladas, como si sus pasos le condujeran al corredor de la muerte.

 Ella… lo miro a través de los visillos, con los ojos todavía  bañados de lágrimas esperaba ver al hombre arrogante, erguido y seguro  de siempre,  pero lo que vio fue  un guiñapo, una figura borrosa bajo la lluvia, una sombra,  sombra que se alejaba como el viento, como un fantasma, sí, un fantasma,  el fantasma de su amor,  un amor que acababa de perder, tal vez… para siempre.

Él  se puso a cruzar la calle al tiempo que se volvía para mirar por última vez  la ventana de su amada.  Y allí estaba ella, mirando con la rabia en el corazón. No se inmuto, no movió ni un musculo.  Él fue a levantar la mano para decirle adiós, su ultimo a dios,  pero no pudo en ese momento… un camión que venía lanzado lo arroyo, se lo llevo por delante, quitándole la vida… la vida que él… ya… no quería,  ¿para qué  vivir  sin ella? Así era mejor, pero lo que nunca supo es que ella al ver cómo le quitaban la vida a su amado abrió la ventana y se lanzó al vacío para acompañarlo en su  último viaje, en su eterno  viaje…    

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                                                    FIN.

 

        Autor: Joaquín Méndez.   Reservado todos los derechos.        14/01/2011