La quiero; mi boca solo espera su beso largo
y su mirada encendida como el primer día.
Mi verso busca alcanzarla
con sonido y astro,
mientras cruza la orilla, envuelta en lino,
para recoger algas y sal en el mar indomable.
La dibujo como un atardecer:
crepúsculo que alegra los cantos diáfanos
y que más tarde habrá de dormirse
junto a la alianza del sueño.
Y si se la llevase la noche interminable,
mis brazos encenderían el cielo para alcanzarla.