EL AMOR EN LA CASONA
La casa grande era entonces el escenario de un amor oculto ,el cual años más tarde descubriría para mi asombro existencial.
Allí estábamos todos, como pintados en un cuadro de Blanes.
El tío Jacinto, inefable personaje pletórico de carisma y exuberante de rotunda vida, con sus enormes medidas, como un cacique inescrutable y mágico.
La tía pequeña y frágil a su lado, con largos pollerones hasta los pies ,los cuales en ocasiones se veían enfundados en una graciosa alpargata que semejaba el zapato de alguna cenicienta olvidada .Sus trenzas a ambos lados coronaban la semblanza de la docilidad ,donde destacaba su boca pequeña y silenciosa. Nunca supe su nombre todos la llamábamos Chinita.
Los primos, Cristina y Pablo , ella de mi edad con diferencia de unos meses y con fantástico parecido en sus facciones a mí ,él rubiecito de piel color miel ,ojos marrones y una traviesa infancia campesina.
Allí, mi hermana eternamente triste en una ansiedad psíquica ,que en aquel momento no lograba desentrañar y
que ahora me atrevo a entender como la azotada personalidad de una “guaradasecretos” ,para los cuales no tenía edad suficiente.
Mi madre , de filosos ojos renegridos, boca de labios delgados ,decidida y enfunda en una pollera justa negra por media rodilla, lo que era todo un desafío para la época.
También estaba Luisa. Nacida de generaciones de sirvientas , que no conocían el Registro Civil, solo se reproducían y daban a luz un nuevo esclavo o esclava.
¡que admiración me causaba la cara de esa mujer! .. eran surcos y más surcos de un cuero negruzco amarillento ,con ojos rasgados y nobles, la edad era incalculable , pero se comentaba que tenía no solo su madre viva aún ,sino todos los dientes .
Bueno la escena está en marcha…
LA VIDA
Todos los veranos llegábamos y ya nos habíamos acostumbrado a las directivas de orden:
-¡!!Ana y Fernanda , ojito lo que hacen!!!
Luisa no es nuestra sirvienta, cada una lava su ropa interior cada mañana y ayudan en las tareas si ven la ocasión, no se alejen y si van a caminar me piden permiso primero .ESTA CLARO.
-Si mamá ,si mamy.
Así daba comienzo la ceremonia . -Luisa ¿Qué va a hacer de comer?
-pensaba…
-no no piense yo me encargo ,consígame esta lista de comestibles y siga mis instrucciones.
-si señora.
No se entendía porque no era nuestra sirvienta , estaba recibiendo órdenes de mi madre.
Tampoco lograba ver en qué lugar quedaba mi tía Chinita…la recuerdo en una rincón de la sala ,como pintada ,no solo en su belleza ,sino en su silencio estructural y elocuente.
De esta forma, mi madre instrumentaba las largas mesas de manjares ,sopones de verduras frescas ,carne de cordero ,trufas de avena y miel ,avecillas salteadas con naranjas y limones… y el postre ¡Dios mío!!! Deliciosas cremas de maíz y huevos caseros ,con copos de blanca merengada , duraznillos en betún de almíbar, con pasas de uvas , arroz con leche y dulce de membrillos frescos…etc..
La mesa enorme, el mantel impecable, bordado con punto cruz, se coronaba con la platería impresionante incrustada en oro acompañando preciosa vajilla de loza francesa .
Los botellones de agua, de cristal tallado a mano, sazonaban la limonada fresca que escurría en graciosas copitas.
Los mayores degustaban el brioso jugo de uvas que les envolvía los cachetes de un sonrosado delatador…
Disposición: las cabeceras eran de Tío y Mamá, los costados uno de los primos y Tía ,el otro de mi hermana y yo…si ya sé se preguntan por Luisa ¿¿ verdad??..
A ella no se le permitía compartir la mesa ,ni la comida, al igual que los perros ,ella recibía las sobras de todos los comensales.
En ocasiones me escapaba hacia la cocina y la miraba, con sus vestidos de faldón negros como de lona, de zapatillas raídas, comiendo aquellas sobras, con un temple de carácter, que parecía
una reina desterrada de algún cuento de hadas .Comía con delicadeza, separando lo agraciado de lo desgraciado luego preparaba graciosamente una fuentecilla para los canes.
Un día me vio colgando mis medias y vino apresurada:
-No ,no yo lo hago Fernandita ,todo lo que usted ensucié me lo da y yo me encargo.
-Pero Luisa tu no eres mi sirvienta!
Me miró con una expresión de tan intenso amor, y luego sonrió con sus inmaculados dientes blancos, en medio de la tragedia de su rostro derruido por la violación consiente y cotidiana de su humanidad.
Era la vida...