Mientras el dulce membrillo borbotea,
mi alma negra y amarga se endulza.
Revolotea fúnebremente la mariposa,
frágil y bella, apaga su colorido vuelo.
El tiempo se detiene entre los aromas,
la tarde languidece tras los cristales.
Hay dulzuras que nacen de las sombras
y tristezas que no conocen finales.
La cuchara remueve lentamente
los restos de una amarga melancolía.
Quizá mañana, cuando todo enfríe,
encuentre en su dulzor algo de alegría.