Durante años busqué respuestas
en habitaciones que ya no tenían puertas,
entre recuerdos que no cambiaban
y preguntas que nunca encontraron voz.
Creí que necesitaba olvidar,
borrar nombres, momentos y lugares,
pero quizá solamente necesitaba
dejar de buscar donde ya no había nada.
Hoy no quiero recuperar el pasado,
ni convertir los recuerdos en promesas.
La persona que conocí ha cambiado,
y yo tampoco soy quien era.
Ya no busco en aquella habitación,
porque fui yo quien apagó la luz,
cerró la puerta
y decidió continuar caminando.
Ahora quiero aprender algo distinto:
amar sin perderme,
entregar sin olvidarme,
sentir sin convertirme en prisionero
de aquello que tanto quiero.
Porque esta vez no quiero amar desde el miedo
a perder lo que apenas comienza.
Quiero amar desde la libertad
de saber que también me tengo a mí.
Con pasión, no con obsesión.