SIN TREGUA
Con los dedos aferrados al borde,
con algo que se me clava,
una mano me llama
en la senda solitaria,
donde nadie responde.
Su roce deja una marca helada
y me señala el paso sin retorno.
Sin aviso, se sienta a la mesa.
¡Sin tregua aguarda,
sin tregua roba!
Cada hora que me quita
se la lleva sin hacer ruido.
En mis dedos perdura la huella
de la última lucha,
pero se borra
al tocar el hielo.
Me rindo.
Y aún arde en mis ojos
una chispa
que desafía el negro final...
y se apaga.