Sebafel

De un alma agradecida a Jesús

Más purgante que el fuego, más candente

 el abismo: ¡tu amor que me consume!

Extingues mi soberbia con tus llamas,

me haces camino con fulgor en éxodo.

 

Cuando todo creí perdido, muerto,

Tú me resucitaste con sublime 

esperanza soplada por tu Espíritu,

aquél del Padre siempre glorioso.

 

Me tomaste, mi culpa perdonaste

y rescataste del sepulcro tal

vileza y podredumbre, tal miseria

 

que sólo puedo darte un corazón,

un corazón humilde a Ti mi Dios.

Quiero estar junto a Ti, siempre a tu lado.