Más purgante que el fuego, más candente
el abismo: ¡tu amor que me consume!
Extingues mi soberbia con tus llamas,
me haces camino con fulgor en éxodo.
Cuando todo creí perdido, muerto,
Tú me resucitaste con sublime
esperanza soplada por tu Espíritu,
aquél del Padre siempre glorioso.
Me tomaste, mi culpa perdonaste
y rescataste del sepulcro tal
vileza y podredumbre, tal miseria
que sólo puedo darte un corazón,
un corazón humilde a Ti mi Dios.
Quiero estar junto a Ti, siempre a tu lado.