Era un jardinero desafortunado,
Pobre cobarde y desesperado,
En un campo lleno
De flores y pasto
Miles de rosas,
Fragancias hermosas y esplendorosas,
Pero ninguna semejante
A la belleza deslumbrante
Única y preciada,
Merecedores pocos,
Sin dueño ni nada
Tijeras listas
Para reclamar lo suyo,
Pero el jardinero no tuvo
El valor para cortarla
¡Oh, qué desdicha!
¡Qué infortunio, qué dolor!
¡Que este malnacido
Solo pueda mirar a la flor!