Jaime Correa

Críspulo

En Torrelavega, tierra de noble sino,
vive un anciano de manos consagradas,
que en cuero graba historias bien labradas
y en cada libro deja su destino.

Más de ochenta y ocho años de camino,
de paciencia, de horas silenciadas,
de buril y de letras cinceladas
que hacen del arte un templo peregrino.

No busca fama, ni oro, ni alabanza,
busca dejar su alma en cada hoja,
que el sudor de su frente se hizo danza.

Hombre difícil de hallar en estos días,
cuando todo se compra y se despoja,
tú haces eterno lo que el tiempo envía.

Tu Rosa no se marchita, Críspulo, florece,
en cada libro tuyo el alma crece.



Es un soneto de honor, porque a los 88 años seguir creando con esa paciencia es algo que ya casi no existe. Es un tesoro vivo.