Siempre hay un principio de causalidad a la que buscan disfrazar de casualidad, es entonces cuando comienza la mentira de los hechos que vienen después.
“... Una gran cantidad de personas, perfectamente honorables y bienintencionadas, de pronto, inmediatamente, se vieron arrastradas en un torbellino en el cual sólo podían ganar el más siniestro” Esta es la opinión del escritor, periodista y novelista Antonio Muñoz Molina tras su lectura de la novela “La Península de las casas vacías”. Hoy, digo, que tras 90 años después del inicio de aquella guerra civil en España jamás hemos de seguir pensando que por necesaria o justificada que parezca, una guerra deja de ser un crimen, sin embargo aún los hay que no piensan así, aún. En España, cuando la Constitución del 78, ya muerto el dictador Franco, claro, nadie reparó en que no hubo una ruptura con la dictadura, con los cuarenta años pasados en que se produjeron horrendos crímenes por los cuales nunca, ni aún hasta hoy, ni se han pedido responsabilidades ni tampoco sus responsables han pedido perdón: el padre del actual rey, Juan Carlos de Borbón, octogenario, que vive ociosamente en su retiro dorado en un país bajo una dictadura árabe y que fue un protegido de aquella dictadura franquista, aún hoy no ha pedido perdón a la sociedad española por ser, en grandísima medida, cómplice de muchos crímenes. Cuando yo nací, en 1956, habían pasado justamente 20 años del principio de aquel Golpe de Estado de 1936 y por tanto viví los 20 siguientes hasta la muerte del dictador: no me hizo vivir esos 20 años para saber qué era aquella dictadura - lo supe desde los cuatro años - y qué fueron aquellos años hasta la muerte del dictador.
Hoy en esta España de 2026, y del siglo XXI, vemos, y sabemos, que las madres de estos supuestos nostálgicos (digo nostálgicos porque, estoy seguro, de que si hubiera una dictadura militar se esconderían como ratas bajo tierra) ni tan siquiera podrían abrir una cuenta corriente en ningún Banco sin el permiso de sus maridos como ocurría en aquella dictadura que hoy están enalteciendo. Estos fascistillas de luto de ocasión, algunos aún menores de edad, están de moda solo los fines de semana por las noches, los son, fascistillas, porque en realidad sus padres nunca les contaron qué en verdad fue aquella guerra, no lo hicieron porque los padres de éstos, sus abuelos hoy, les ocultaron y/o se negaron a contarles de tantos crímenes para no aterrorizarles y salvarles de muchas cosas, es por esto, y otras causas, del por qué hubo, y hay, una terrible distancia en la memoria entres estos fascistillas de luto circunstancial y sus padres que tampoco supieron del todo qué ocurrió y por ello muchos sobrevivieron.
A veces, sólo a veces, pienso que quizás - y sin quizás - sí debería haber una guerra o si se quiere un conflicto como el que hubo en Europa, los Balcanes en 1990, o ésta de ahora en Ucrania; estos fascistillas de luto de ocasión deberían saber qué significa que los lleven a ella, a matar o a que les maten, sería algo que no desearía por nada del mundo porque toda guerra es un crimen contra sí mismo y es lo que ignoran éstos que piden la vuelta de una dictadura en España.