¡Encuéntrame!
Encuéntrame...
Cuando tomas tu desayuno
soy el café de tus mañanas
la taza donde bebes.
Encuéntrame...
Cuando caminas por la calle
soy la sombra que tus pasos sigue.
Encuéntrame…
En la banca del parque donde te sientas
a descansar y a pensar en mí
estoy allí; siente mi mano acariciando tu espalda.
Encuéntrame...
En tu lecho
Soy la sábana que cubre tu cuerpo
y la almohada donde dejas tus lágrimas.
Encuéntrame...
Cuando te bañas en la regadera
soy el agua que acaricia tu cuerpo.
Encuéntrame...
En tus mañana cuando lees el periódico
soy la noticia que lees... qué estoy triste sin ti.
Encuéntrame...
En tu paseo cotidiano
soy quien camina a tu lado.
Encuéntrame...
Cuando quieres compañía en tu soledad
solo nómbrame, soy quien toma tu mano
para juntarla con la mía y caminar juntos.
Encuéntrame...
Cuando las lágrimas de tristeza aparecen en tus ojos,
soy los labios que bebe tus lágrimas.
Encuéntrame...
En tus pensamientos y víveme en ti
como tú vives en mí de día y de noche.
Encuéntrame...
En tu corazón que es allí; donde quiero estar
como tú estás en el mío, ¡Vivo Amándote!
¡Porque no quiero otra vida si no es contigo!
¡Siempre espero por ti de día y de noche!
¡Voy junto a ti y mi piel huele a ti con hambre de ti!
Eres mi razón de vivir y no quiero otra vida si no es contigo.
Alicia Pérez Hernández... México
No es la pluma la que escribe, es el alma
Todos los derechos reservados©
Vengo del fondo oscuro de una noche implacable
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable
y una paloma blanca se me posa en el hombro.
Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.
Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.
Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto... ¡porque estaba contigo!
Poema del regreso José Ángel Buesa