La corriente ya no nada sola.
El río de cristal parpadea en la oscuridad,
un agua de fotones tensada por el rayo.
La luz se lanza de espaldas contra la corriente,
desobedeciendo la vieja sombra de Newton.
Yi Hu convoca un coro de sombras pasivas,
nadadores de luz que flotan sin tocarse
en el mismo estanque
de solitones ópticos y ondas.
Un nadador pasivo flota en electricidad:
su impulso es un imán,
el flujo es una huida.
Lo que debería empujar, abraza;
lo que debería resistir, se retrae.
“Se rompe la tercera ley de Newton”
En el espejo roto de las dinámicas cuánticas,
la acción no busca su reflejo,
la reacción olvida su nombre,
y el rayo avanza cayendo hacia arriba.
Un enjambre de soles mudos aprende a caer hacia arriba,
la física dobla sus antiguos raíles
y el pensamiento se vuelve pulso,
un entramado de chispas que dialogan
en el revés de la gravedad.