Jesús Ángel.

Como espada quebrada sobre roca.

 

 

La traición a la lealtad no merece rencor, amistad ni castigo, pues quien traiciona por sí solo termina perdiéndose en el abismo.

 

Quien falta a la lealtad, como espada quebrada sobre una roca, pierde aquello que le hace digno.

 

Y así, cuando lo que se creía amistad era solo interés, y la confianza que parece perderse nunca ha existido...

 

Lo que nunca se ha de perder es la dignidad ante uno mismo.