Axioma

Del otro lado del alba

\"Del otro lado del alba\"

Una cruz de neón se levanta sobre el cerro. Yo, impedido de conquistarlo, lo contemplo del otro lado del mar.

De lejanos lugares regresan los hombres con máscaras en sus rostros y sus victorias marchitas a cuestas. La mirada siempre vuelta hacia atrás. El tiempo se pliega donde le alcanza la noche. ¿Hacia dónde va la hoja muerta que arrastra el mal viento?

¡Oh, ciudad del insomnio! Tus ventanas han cerrado los párpados; aún se escucha el resuello de tus bisagras corroídas. ¿Podrá dormir tu herrumbre en los oídos de la noche? Y si no, ¿cuándo volveremos a dormir?

¡El corazón es el alimento del bisturí y la píldora! ¿Cuándo florecerá el ramaje de mis pálidos huesos? ¿Dónde bulle la savia que sangran los rosales?

Henos aquí, brotando entre las rocas y en las antesalas de los bancos, en las fauces raídas del algodón y el poliéster.

Y bajo el cielo oxidado, un grito accidentado de monedas en la vereda se funde al ronco clamor de los motores. Su crujido metálico es la voz de los estómagos vacíos. Vamos aspirando del viento nuestra ración de moho, gripe y hollín. Yo, entre fríos afilados, me escurro por las heridas de mis ropas desgastadas y dejo mis ojos a merced de otros rostros.

Hay un hombre sediento de ayahuasca, fukuju y peyote. Devora las naves en alta mar y bebe de un sorbo las aguas abiertas. Después desciende al lecho marino, encierra la libertad y se proclama redimido.

¡Miradme! Soy el fauno desnudo que recorre los pasillos del mundo, el semidiós expulsado de su suntuosa suite, todavía con vino en los labios. El que pregona su evangelio de derrota y júbilo frente a un espejo.

Vengo del otro lado del alba, hasta esta aurora y esta banca de sal. Traigo en la boca una palabra que no me pertenece. Quizá cayó de unos labios entreabiertos. ¿Quién recoge lo perdido? ¿A qué lengua podré devolverla? ¿La abandonaron quienes la pretendieron o es tránsfuga de su voz?

¿Es acaso la voz que atraviesa la noche como un rayo, reposa sobre el océano y anda en el susurro del viento? ¿La que habita en el escalofrío donde nacen los vientos y preludia el amanecer? ¡Oh, palabra sin dueño, cuánto has viajado para posarte en mi boca!

Yo soñaba que soñaba; en harapos, soñaba a mi perro y a mi gato a orillas del Estigia. Los llamaba desde la otra ribera. ¿Dónde está el barquero? ¿Dónde el óbolo?

¡Ah, yo he visto tu cara en las horas de sueño del Barrio Latino! Y tus fauces detrás del lago, cuando el sol se recoge y despiertan de su siesta los espantos de Las Torres y de Acahualinca.

¿Quién podrá cerrarnos los ojos?

Heme aquí, frente al amanecer, con el mar todavía entre mis ojos y las brasas negras del sueño. La cruz de neón palidece. Devuelto de la travesía nocturna. Yo soy la sal que un viento trajo entre sus labios.

¡Por fin he de dormir!

Ricardo Castillo
De Voces bajo la noche
Fotografía de Óscar Cabrera, 2019.