La manía de apuntar al cielo
para luego dispararle,
De tomar con tu mano el horizonte,
aprisionarlo hasta quitarle el aire.
El hábito de borrar la huella
de un futuro posible
De sufrir los temblores de la incertidumbre,
el peso de lo que no tiene remedio,
la opacidad del novilunio.
Esas noches,
en que no se ve el amor por ninguna parte.
Y sin embargo... está,
inconmensurablemente vivo
detrás de las heridas, siempre está.
Invisible e infinito,
con ansias de salir del olvido,
abandonar el abandono.
Ser visto sin los ojos del cuerpo,
sin la intención inmediata de lo perecedero.
Andrea