Gaviotas que derraman
su dulzura en la distancia
y golondrinas muchas
que se van,
pues hace frío.
Inhóspitos consuelos
del viento que marea
hojas verdosas,
me turban la mirada,
me llenan de nostalgia.
Habrá una noche suave
en que las luces miles
alumbren el
cautivo sufrir
de los pinares,
remojen de alegría
la amargura del sauce,
retornen a su albergue
quienes no regresaron
y se vean felices
de ver suelos floridos
y entreguen su descanso
a las estrellas.