BALGAL
A veces nos dejamos para el Ășltimo.
a veces nos dejamos para el último,
como quien guarda una prenda rota en el fondo del ropero,
pensando que los demás necesitan más abrigo,
que sus fríos son más urgentes que los nuestros.
Qué pendejada esto de ser buenos,
este andar cargando los dolores ajenos
como si la espalda de uno fuera de fierro,
como si el corazón no tuviera goteras.
Nos gastamos los ojos cuidando el sueño del otro,
velando sus fiebres, remendando sus días,
mientras el cuerpo propio se nos va volviendo un trapo viejo,
una casa abandonada a la que ya no le prenden la luz.
\"Que coma él, que descanse ella, que no sufran\", decimos.
Y uno se va quedando seco,
vaciándose a poquitos para llenar vasos ajenos,
con una caridad que se parece tanto al suicidio.
Hoy me miro en el espejo y no me encuentro.
Me duele el aire, me pesan los huesos de tanto andar de puntitas
para no despertar los monstruos de los demás.
Qué olvidados nos tenemos, carajo,
qué manera tan estúpida de morirnos en vida
por salvar a los que, al final de cuentas,
aprenderán a nadar solitos cuando nos hayamos ahogado.