Si pudiera darte, mujer,
una sola virtud,
sería hambre de conocimiento.
Si estuviera a mi alcance,
te daría fértil tierra,
porque en el fruto bendito de tu mente
está la creación de tus manos,
en el ritmo etéreo de tu naturaleza.
Mientras los hombres hacen guerra,
floreces en lo más recóndito.
Aun ardiendo en la hoguera,
brillas más que las estrellas,
aunque muertas nos quieran.
Y si tuviera un don para dar,
sería que en ti misma creas;
que no te sometas ante ellos y sus deseos,
y en cada camino que tú desees tomar,
la libertad sea tu compañera.
Por el momento, mis manos están atadas,
no dan para más.
Ellos las ataron
y lo disfrazan de realidad.
No es porque lo merezcas,
es porque vales todavía más,
y eso no les conviene
para mantener su falsa paz.