Témpano de mis ojos cansados
hiedra venenosa de mis venas
agua dulce que calma mis penas
pasajeras, como cantos quebrados.
Tú, que mi tempestad arbórea riegas,
como frágiles vuelos luminiscentes
que en la noche despiertan y respiran.
Bello otoño que de lágrimas rojas
y roncos amaneceres alumbras.
Tú, que mi pasado ocultas
y mi futuro deslumbras.
Has venido a mi destino como rayo,
fulgurante, intrépido y fuego.
Mi armadura áspera y de lata fortaleces
ligados, mi hilo y el tuyo crecen
como hilos dorados que las Morias custodian.