JVA

Miel en un día de menos tres

 

 

Hoy me regalaron un frasco de miel en el trabajo.

Tan pequeño,

tan simple,

y yo lo agarré como si fuera un tesoro.

 

Pensé: ¿podrá esto endulzarme?

Después de tantos días amargos,

¿podrá un poco de miel curarme el corazón?

 

Esta mañana hacían menos tres grados.

Todo estaba blanco de escarcha.

Los coches tenían una capa de hielo en los parabrisas,

como si la noche les hubiera puesto una sábana de cristal.

 

Me acerqué a uno,

y con una uña, solo con una uña,

arañé un poquito ese hielo.

Y sentí ese polvillo frío,

helado y hermoso,

que se deshacía en mi dedo.

 

Y sonreí.

Porque hasta el frío puede ser hermoso

cuando lo miras con ganas de vivir.

 

Tenía el cuerpo helado,

las manos dormidas,

y así iba a mi trabajo diario,

repitiéndome: \"Va a valer la pena,

todo este esfuerzo me lleva a mis sueños.\"

 

Mi corazón también tenía frío,

todavía se acuerda del invierno que me dejó él.

Pero en lo más profundo,

hay algo que no se congela.

 

Hay una alegría terca,

que no me deja ni en mis peores días.

Una vocecita que me dice:

\"Estás viva. Estás sintiendo. Estás aquí.\"

 

Hoy camino con frío por fuera,

con ilusión en los ojos,

con un frasco de miel en la bolsa,

y con una alegría por dentro que es solo mía.