Quizás eso es lo que más me cuesta explicar: no quiero que me admiren por cómo me veo, quiero que no me hagan sentir que está mal ser como soy.
Quiero que mis gustos también sean celebrados, que mi presencia no parezca una interrupción, que mis palabras tengan un lugar y que no tenga que competir con nadie para sentirme suficiente.
No quiero convertirme en alguien distinto para encajar en espacios que nunca supieron recibirme.