Hay amores que son como velas,
que con un pequeño viento se apagan.
Hay amores que, como el papel,
se encienden rápido,
pero también pronto se consumen.
Hay amores que, como focos,
permanecen prendidos más tiempo,
hasta que alguno decide
que ya no hay más corriente y se enfrían.
Hay, sin embargo, un amor que,
como el hierro en la fragua,
soporta el fuego al que es sometido
mientras va tomando forma;
que, como diamante en bruto,
se pule con cuidado hasta convertirse
en una pieza única;
que, como el río, con paciencia
horada la roca de la incomprensión;
que, como buceador, busca los
tesoros en las profundidades,
obviando las diferencias de la superficie.
Es un amor que no se pierde en la noche,
porque sabe con claridad su camino;
un amor que crece como enredadera
y se queda a vivir entre dos corazones;
un amor que soporta difíciles pruebas,
hasta que un día ilumina como el mismo sol.
Un amor que, como el nuestro...
es eterno.