Susurrando su nombre
al viejo lago del pueblo
decido contarle un secreto...
que por su amor me desvelo
y en su pasión yo me pierdo,
son sus caricias mi alivio
mi bálsamo en tanto lío,
que es su perfume mi norte
llevándome a su hechizo.
Cuántas veces amigo mío
tuviste que escucharme
cuántas veces decir lo mismo
la pesca fue siempre una excusa
cuando buscaba un respiro.
Cuántas veces la luna,
vos y yo hemos sido
pacientes silenciosos
de una terapia abstracta
con resultados dudosos.
Los pastizales como diván
los grillos psicoanalistas
preguntaban sin cesar
y yo no tenía respuestas.
Pero pronto vendré a visitarte
y esta vez no estaré solo
sabrás que ha llegado el momento
cuando la luna redonda y blanca
se refleje sobre tu estancia
haciendo de día la noche
volviendo la noche eterna.
Entonces sabrás que soy yo,
iré tomando su mano,
seré el tonto que ríe por todo
y al que no le salen palabras.
Sólo te pido que guardes
otra vez por mí el secreto
aunque si somos sinceros,
me parece que ella lo sabe.