Sebastian Mena

Viejo confidente

Susurrando su nombre

al viejo lago del pueblo 

decido contarle un secreto...

que por su amor me desvelo

y en su pasión yo me pierdo,

son sus caricias mi alivio

mi bálsamo en tanto lío,

que es su perfume mi norte

llevándome a su hechizo.

 

Cuántas veces amigo mío 

tuviste que escucharme

cuántas veces decir lo mismo 

la pesca fue siempre una excusa 

cuando buscaba un respiro.

 

Cuántas veces la luna, 

vos y yo hemos sido

pacientes silenciosos

de una terapia abstracta

con resultados dudosos.

 

Los pastizales como diván 

los grillos psicoanalistas

preguntaban sin cesar 

y yo no tenía respuestas.

 

Pero pronto vendré a visitarte

y esta vez no estaré solo

sabrás que ha llegado el momento

cuando la luna redonda y blanca 

se refleje sobre tu estancia 

haciendo de día la noche 

volviendo la noche eterna.

 

Entonces sabrás que soy yo,

iré tomando su mano,

seré el tonto que ríe por todo

y al que no le salen palabras.

 

Sólo te pido que guardes

otra vez por mí el secreto 

aunque si somos sinceros,

me parece que ella lo sabe.