Fué tu amor otoño, luz y verso,
que invadió el silencio constreñido,
molécula fugaz del intelecto
que olvidó en la almohada lo vivido.
Amaste las mieles de mi gloria,
cuál ángel caído en vil flagrancia,
un tremor que endulza la memoria,
un loco enamorado, en mi estancia.
Mas abriste la puerta a los impíos,
al rumor de exánime añoranza,
bajo embrujo de seda y desvarío,
al futil discurso que no alcanza.
Una sola palabra habría servido,
una nota enlazada con tu risa,
me tenías al alcance de un suspiro,
me tenías, al compás de tu sonrisa.
Los planes son portada sin amarras,
los sueños un eco sin leyenda,
tu palabra se perdió entre las promesas,
por inocua, por valer menos que nada.