Afuera sólo observo
un mundo que no acabo de entender;
me empuja a refugiarme en mi ostracismo.
Limito mi salida al exterior
tan sólo a lo esencial
y algunas caminatas por las noches.
En esos recorridos siempre encuentro
algunos como yo, que, identifico;
y sé, que ellos también me reconocen,
pues, cuando coincidimos,
tratamos de no vernos a los ojos,
cual pacto silencioso de cobardes.
Regreso y me confino
tratando que la absurda realidad
se quede al otro lado de la puerta.
Atisbo en ese mundo, sin embargo,
con el televisor –que yo controlo–.
Las guerras, las violencias… las arreglo
cambiando de canal.
Despierto está mañana –y me sorprendo–
pensando en encontrar algo distinto.
Me obligo a levantar, me atrevo y salgo…
Observo la mañana.
Y con la mano izquierda tapo el sol,
compruebo que resulta insuficiente…
Resulta insuficiente…
Lo mismo que intentar cerrar la puerta
o cambiar de canal…
Pues, la realidad siempre me alcanza.
Y sin justificar mi cobardía…
Cuestionó a los de afuera,
aquellos que se miran a los ojos
con la realidad.
¿Me pueden presumir lo que han logrado?
¿O cómo es que proponen arreglar
este mundo convulso?