Del horizonte viene un acendrado
Destello, firme y casto en su corona,
Aflorando belleza y cuerpo abona,
La beldad se deslumbra en el amado;
Hechizo que la muerte sólo ha dado,
Liberación febril que el sol pregona,
Todo se hunde en la negra y blanca zona
del ecuánime juez que suelta el dado:
Si me cuentas a dónde te diriges
Te revelo a los amos de tus lides,
Redoma circular en la cual finges
Libertad y altivez; la obra eriges
De falsa vasta vista que decides
Endulzar del eterno don de esfinges.