Juan Roldan

Ídolos caídos

Del pedestal de mármol y de gloria,
donde el aplauso ciego los sostuvo,
cae la sombra de lo que se tuvo
el falso reino de la vana historia.

Se quiebra el bronce ante la ley notoria
del tiempo cruel, que su esplendor detuvo,
y el viento borra el eco que mantuvo
su nombre impreso en la frágil memoria.

Ya no hay altares, ni resplandores, ni oro;
el polvo cubre el rostro del gigante,
hoy convertido en trágico abandono.

Frente al silencio del antiguo coro,
descubre el mito, en su final instante,
que era de barro el soberano trono.