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Desde cero, en tiempos de hoy.

 

Qué curioso se ha vuelto conocer a alguien en estos tiempos.

Parece que demostrar interés es exponerse demasiado, que escribir primero es perder algo y que mostrar lo que uno siente se ha convertido en una desventaja.

No sé si será una cuestión de costumbres o simplemente de la manera en que hemos aprendido a relacionarnos, pero me cuesta entender esa necesidad de disimular lo que genuinamente nace.

Todavía soy de los que sienten curiosidad por descubrir a alguien, escuchar sus historias, conocer sus pensamientos y encontrar esos pequeños detalles que hacen diferente a una persona.

No espero que todo sea recíproco, ni que cada comienzo tenga un destino. Pero creo que hay algo bonito en permitirse conocer sin tantas expectativas, sin estrategias y sin interpretar personajes.

Porque cuando uno se permite ser, cuando desnuda sus sentimientos y sus intenciones, también deja al descubierto aquello que verdaderamente es. Y aunque a veces no exista la comprensión necesaria para recibirlo, no por eso deja de ser genuino.

Quizás sea una forma distinta de entender los romances, quizás un poco antigua para estos tiempos.

Pero si algo no quisiera perder es eso: la capacidad de acercarme a alguien sin tener que dejar de ser yo mismo.