Piel de bronce
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La piel de bronce absorbe el consagrado
silencio del ocaso; la efigie palidece,
comulga con el mar y permanece
a solas observando a un sol cansado.
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El horizonte mira ensimismado
cómo la esbelta ninfa se entumece;
sobre el helado espacio permanece
junto al tiempo presente y el pasado.
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El aire fresco ofrece compañía,
testigo fiel del paso de las horas
y amigo del momento fugitivo.
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Quieta en el pedestal despide el día
la diosa de las tardes soñadoras,
mostrando sin pudores su atractivo
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Fotografía y poema: Ramón Bonachí.