Las plañideras
Plañideras, en busca de lágrimas que derramar,
deambulan por veredas de silencio,
entre gemidos sordos y lamentos contenidos.
La desgracia, sin aviso, ha quebrado la quietud;
su eco se detiene a mitad del camino.
El aire, portador de la noticia,
ya no es viento: se ha convertido en suspiro.
El búho discute con la urraca
en lo alto de un árbol solitario.
Las nubes se visten lentamente de negro
y el cielo pierde su último destello.
Las hojas tardías del otoño
cubren los musgos con su manto de abandono.
Los árboles, desnudos, dibujan sus esqueletos
sobre un horizonte ceniciento,
como si también la naturaleza
se inclinara ante el dolor de lo inesperado.
Y allí, en medio de un silencio que sobrecoge,
el féretro permanece inmóvil,
a la espera de las plañideras.