Hay días manchados de cenizas...
Días tan iguales unos con otros
que se pierden en las lóbregas cornisas
de la noche que adocena rostros.
Días que quisiéramos cubrir
con el polvo que comienza a inhumarnos,
día gris que ni siquiera hace sufrir,
sin embargo podría sepultarnos.
O quizá son momentos de otro duelo,
donde somos sin ser los muertos vivos
deambulando sin sangre por el suelo
que de nuestra osamenta acusará recibo.