El cronista sin puerto

A través de tus ojos.

Y si algún día me quedo ciego,

¿me describirías lo que ya no puedo ver?

 

¿Me contarías de qué color amanece el cielo,

si las montañas siguen rozando las nubes,

si la lluvia todavía acaricia las calles

y si la luna conserva su antigua costumbre

de aparecer cuando nadie la espera?

 

Tú, que tantas veces me has dicho

que te gusta mirar el mundo a través de mis poemas,

¿me prestarías tus ojos

para conocer aquello que mis palabras no alcanzan?

 

Quisiera saber cómo miras las cosas,

qué descubres en un paisaje,

qué belleza encuentras en una tarde cualquiera,

qué detalles guarda tu mirada

que quizá yo nunca he sabido advertir.

 

Y si alguna vez mis ojos se cansaran del mundo,

no necesitaría que me inventaras uno perfecto.

Descríbeme también sus heridas,

sus días miserables,

la crueldad de algunas despedidas

y la belleza que sobrevive a pesar de todo.

 

Porque tú has encontrado una manera de mirar

en las cosas que escribo,

y yo quisiera descubrir, alguna vez,

todo aquello que existe

en la manera en que tú las miras.

 

Quizá eso también sea querer a alguien:

no solamente mostrarle nuestro mundo,

sino tener curiosidad por conocer el suyo.

 

Y si algún día me quedo ciego,

prométeme solamente una cosa:

no dejes de contarme lo que ves.

 

Que yo todavía tendría

muchísimo mundo por descubrir

a través de tus ojos.