Esa personita, mi morena,
de sonrisa radiante y blanca,
ha cambiado mi vida.
Ella es mi compañera
en las nuevas andaduras
de esta loca vida.
Ir de la mano, sin rumbo,
eligiendo nuestro destino;
llorar sobre su pecho,
donde no me escondo, donde soy yo.
Sus besos y sus caricias
hacen emigrar mis lágrimas,
abriendo ante mis ojos
las maravillas de esta cambiante vida.
La personita de las derrotas amargas
y de las victorias sufridas,
la de los besos eternos
y los abrazos mimosos.
Mi pequeño tesoro,
que nació del sueño
de un ateo del amor.
Gracias por confiar
en este eterno soñador.
Te quiero, mi morena.