Brota del alma una gota callada,
dorado trigo de sol y de espiga,
cosecha tibia que el tiempo fatiga
en una tarde de lumbre gastada.
Rueda despacio por valles de arcilla,
besa los surcos que labra la edad,
grietas profundas de fiel soledad
donde la vida sus pasos orilla.
Va descendiendo sin queja ni afán,
rumbo a las sombras de un fondo sediento,
para perderse en el mudo tormento
dentro del mar donde todas se van.
Antonio Portillo Spínola ©