Manabí
Manabí, tierra prodigiosa que Dios nos regaló,
con tus encantos de exuberantes naturalezas,
de tus ríos que cantan al viajar hacia el mar
y tus mares que abrazan la costa con generosidad.
Eres el regazo de culturas milenarias,
donde la tierra guarda el secreto de nuestros ancestros
y da su fruto con manos nobles y sinceras.
Aquí están tus hombres y tus mujeres,
que con sudor y ternura siembran el porvenir;
gente fuerte y acogedora,
que en sus manos convierte el simple manjar en bendición.
En tu cocina nace la ambrosía:
el queso que lleva el alma de tus praderas,
el encocado que sabe a sal y a selva,
el ceviche fresco como tu mañana,
las tortillas de maíz, el pan, la chicha, el dulce…
cada sabor tuyo es un abrazo al corazón.
Desde tu corazón que late sin detenerse,
hasta tus puertos que abrazan al mundo entero;
desde tus tierras del sombrero de toquilla, nuestra tradición que viaja por el mundo entero,
hasta tus orillas donde el mar descansa tranquilo;
desde tus campos que perfuman el café al amanecer,
hasta tus costas donde las ballenas visitan nuestros horizontes;
cada palmo de tu suelo guarda un canto, un recuerdo, una luz,
y en cada paso tuyo, Manabí, se siente el orgullo de ser tuyo.
Tus ríos no solo llevan agua, llevan vida.
Tus montañas no solo se alzan, protegen sueños.
Tus costas no solo reciben olas, abren caminos.
Y tu gente… tu gente es tu mayor tesoro:
sencilla, valiente, leal, cálida como tu sol.
Manabí, Manabí,
no eres solo un nombre en el mapa.
Eres sabor, eres abrazo, eres historia viva.
Eres el orgullo que llevamos en el pecho
allá donde vayamos, siempre, siempre serás nuestro hogar.
Aut: Carlos Espinoza Candela.