Augusto Cuerva

La pluma en el aire

La pluma en el aire

Hay amores que bajan del cielo, literales, como bajan las plumas: sin prisa, sin ruido, meciéndose en el aire hasta posarse en el lugar exacto donde alguien las espera. La tuya cayó una tarde de octubre, en un parque vacío, cuando el viento jugaba con las hojas secas y el sol se despedía sin ganas. Yo estaba sentado en un banco, mirando al suelo, pensando en nada, y de pronto la vi: una pluma blanca, pequeña, que descendía en espiral como si el aire la bailara.

Y entonces levanté la vista, y estabas tú. Con la mano extendida, atrapando la pluma al vuelo, con una sonrisa de niña que ha encontrado un tesoro. No sé si fue la pluma, o el viento, o la luz de esa hora que todo lo embellece; solo sé que te vi, y el parque entero se quedó quieto, y las hojas dejaron de caer, y el sol se detuvo en el borde del tejado. Me miraste, acaso porque sentiste mi mirada, y en vez de apartar los ojos, sonreíste. Y yo me quedé sin aire, como si la pluma hubiera caído dentro de mi pecho y me hubiera robado la respiración.

No hablamos. No nos dijimos nada. Tú seguiste tu camino, con la pluma en la mano, y yo me quedé en el banco, con el corazón desbocado y la certeza de que acababa de ocurrir algo importante. Desde entonces vengo a este parque todas las tardes, a la misma hora, con la esperanza de que el viento te devuelva, de que otra pluma caiga del cielo, de que tú levantes la vista y me mires como me miraste aquella vez.

A veces me digo que debí levantarme. Que debí seguirte, decirte que la pluma era mía, que se me había escapado de un sueño, cualquier tontería que te hiciera reír. Pero no lo hice. Me quedé en el banco, como se quedan los cobardes y los enamorados, que al final son la misma cosa. Y ahora solo me queda esto: el parque, el banco, el viento de octubre y tu sonrisa atrapando una pluma en el aire.

Si algún día vuelves a este parque, no me busques. No sabrías a quién buscar. Pero si ves a un hombre sentado en un banco, mirando al cielo con una tristeza mansa, acaso sea yo. Acaso sea el hombre que te vio atrapar una pluma y se quedó sin aire para siempre.
Autor: Augusto Cuerva Candela 
País: México 
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