Hay quienes gustan de hacer poesía.
Yo, por ejemplo.
Todo se empieza por el encabezado naciente de desde ese paraíso visual que se despliega en los versos; se resbala por la curvatura de la cintura de una rima consonante para terminar al final en un profundo silencio.
Para quienes hacemos poesía a veces creo que se nos es difícil dejar volar la imaginación con tanta distracción; nos dejamos obnubilar por ganas que de nos desbordan por las orillas de nuestra hoja y que van a parar sobre la suavidad de la musa de nuestros sueños.
Pero así y con todo siempre habremos los que haremos poesía;
yo por mi parte me ahogo en mis más profundos silencios; desde ellos obtengo esa sabiduría poético que yo pienso plasmar en mi hoja, pues su blancura es esa agua en donde yo deseo que se ahoguen mis recuerdos.
Así y con más siempre existiremos y habrán los que inspiran la poesía.
No es un proceso fácil de ejecutar;
es es algo más subjetivo que realista, pues los sentimientos, tal como los latidos del corazón, no se pueden ignorar.
Y siempre habrán también quienes inspiran esa poesía; desde ellas nace todo lo demás; la locura de un verso que se pierde en el universo de la nada, la rima que en ese mismo se deja llevar; terminando en algo que solo los verdaderos poetas han de tener, un sensual poema de fantasía llamado Mujer.