¡Qué fantasma ha llegado con penumbra
que han asomado ojeras de impotencia!
Es un haz tan extraño que vislumbra
una amenaza negra sin conciencia
Siento el espectro aquel que se aherrumbra
entre los escondrijos de aquiescencia
latitando cobarde en lo que alumbra
clavos para mi pena por tu ausencia
Que estaré enceguecida por quererte,
mas mis carnes conocen al tenerte,
que está expansivo el cáñamo enemigo
reptando como elápido ofuscado.
Y surca sementeras de mi arado...
¡Amenazando campos de mi trigo!
Beatriz Vicentelo
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