Sonreía por fuera, activa y de pie,
cumpliendo el libreto que siempre me tracé,
Con la vida ordenada, el logro en la mano,
pero un llanto en el pecho, denso y lejano.
Oraba con fuerza, salía a correr,
buscaba respuestas en el meditar,
pero el fin de semana volvía a caer
una sombra en silencio, difícil de nombrar.
Un alma pesada que no entiende razón,
que no cede a las ganas ni al propio control,
que abraza la nada al quedar en soledad
buscando una grieta para respirar.
Hoy el aire se siente distinto al pasar,
se afloja la carga, regresa la luz.
Tal vez fue el encuentro, la chispa, el azar,
o el cuerpo encontrando de nuevo su cauce.
No importa por qué ni la prisa al mirar,
lo importante es sentir que la sombra se va,
que la vida responde con sol y soltura,
y el alma, al fin libre, vuelve a su solidez y altura.