Hace falta, sólo hay que ver mejor,
una clase política e intelectual,
otra, que explique y haga ver
y saber de estos hechos,
los recientes en esta
España de hoy
y siempre, y
también
una sociedad más despierta
que sepa y quiera hacer
preguntas inteligente
pero también más
exigentes;
pero…
¿Cuándo ha ocurrido esto
en este país en los
últimos siglos,
o nunca?
Lo que en un principio parece ser un simple y hasta obsceno poder -el ruido, las extralimitaciones, las exigencias cada vez más absurdas de sumisión- al final suele ser, y es, todo lo contrario. Es, éste, un sistema político perdido, caduco y rancio que ha renunciado primero a la ética y luego a toda autoridad por principios y esto hace que lo compense no ya con volumen sino a gritos.
A veces, y con el tiempo, creemos descubrir que no sufrimos por la realidad, ésta que nos imponen, sino por las ideas que construimos alrededor de ellas; esto ocurre algunas veces por ejemplo ayer, 3 de noviembre de 2026 cuando el Ministro de Transporte español Oscar Puentes, el Ministro de dos accidentes ferroviarios seguidos en tan solo nueve meses, decidió, para sorpresa de todos, presentar su dimisión; ¿Y cuál es la primera impresión que tengo de este hecho? Pues que le ha dado a toda la oposición política una fuerte patada en el culo, a todos, a todas y a todes. Creían que iban a poder estar y llegar hasta el 29 de noviembre, día de las elecciones generales, jodiendo con el desgraciado argumento de los fallecidos en ese accidente y que con ello cabría la posibilidad, según ellos, de culpar expresamente al Ministro Puentes y así al Gobierno y de paso de ganar las elecciones sin contar que quienes único puede decidir es la sociedad y en las urnas.