Juan Iscar

El soplo del tiempo

El soplo del tiempo, en su fugaz viaje

inacabado, se ha hecho permanente.

A veces escucho mi corazón,

vibrante manifestación de vida,

oculto en la jaula del sentimiento.

No me preocupa, pero sé que dependo

de un alambicado mecanismo eléctrico

que puede colapsar sin esperarlo.

Dependo de tantas cosas ignotas…

tantas casualidades ineludibles…

tantas incomprensibles esperanzas…

Tal vez, fuera de mí, se halle el destino.

Ignoro el cómo, dónde y cuando,

pero ¿qué importará en ese momento

si el contacto con la realidad cambia,

y percibo y palpo otras dimensiones?.

La imprevisible existencia es afecta

a las cosas que abren puertas del ser.

La desolación del desvalido permanece

como palabra significativa

impresa en la piedra impávida de la historia.

¿Puede permanecer la música fugaz

en el río del tiempo que brota de la nada,

en el aire compuesto de partículas

que se mueven caoticamente,

en el cerebro de miles de millones

de neuronas conectadas por moléculas

transmisoras de impulsos instantáneos?.

Y, sin embargo, eso sucede

y se graba en la memoria del sentimiento.

¡Qué ignorancia la mía!.

¡Qué desconocimiento de los caminos

de la vida y sus manifestaciones,

a veces insinuadas, otras precisas

en sus significados, y desapercibidas

muchas entre las nubes deshilachadas

de las interpretaciones de los expertos

que leen en el narcisismo de su ombligo.

Y en su admirable inopia se lo creen.