que teje la tarde con manos de viento,
atrapa en su sombra el carbón del enero
y enciende en agosto su luz del momento.
Los pasos avanzan por calles borrosas,
el mapa del alma no sabe de olvido,
las horas se mudan, marchitas o hermosas.
dejando la huella de aquello vivido.
No guardes en día bajo un candado,
deja que corra su rio de arena,
que todo segundo que ya se ha marchado
regresa en memoria quitando la pena.
Miras al cielo, contemplas el vuelo,
la huella que dejas se vuelve camino,
mañana la lluvia limpiará este suelo
y el tiempo bordará de nuevo el destino.