El escriba de la penumbra

La oscuridad absoluta

La oscuridad absoluta no es la ausencia de luz,

es saber que la luz jamás regresará.

Es abrir los ojos en medio del día

y sentir que la noche nunca se ha marchado.

Es caminar acompañado de sombras,

sombras que te escoltan, te persiguen y te acosan,

que se esconden en cada rincón de tu existencia

y no te permiten respirar.

Es vivir atrapado en una prisión invisible,

donde las paredes no tienen forma,

donde los gritos se ahogan en el silencio

y las lágrimas aprenden a esconderse detrás de una sonrisa.

Es librar batallas que nadie conoce,

enfrentar demonios que nadie puede ver,

intentar explicar lo inexplicable

y descubrir que no existen palabras

para describir lo que sucede dentro de ti.

A veces el cansancio es tan profundo

que hasta el alma parece rendirse,

que las fuerzas abandonan el cuerpo

y la esperanza se convierte en un recuerdo lejano.

Y entonces le preguntas al cielo:

¿Hasta cuándo tendré que soportar esta oscuridad?

¿Por qué nadie escucha los gritos de mi silencio?

¿Por qué debo fingir que estoy bien

cuando por dentro estoy librando mi peor batalla?

Quizás esa sea la condena más cruel:

que el mundo siga girando,

que el sol siga brillando,

que todos continúen con sus vidas,

mientras tú luchas por encontrar una salida

de un infierno que solamente tú conoces.

Y aunque hoy no consiga ver la luz,

aunque mis sombras sigan caminando conmigo,

quisiera creer que todavía existe un mañana

en el que respirar no sea una batalla

y vivir no duela tanto.