Lucía Gómez

QUEDARSE...

Él,

llegaba siempre

a la misma hora.

Se sentaba en el banco

de madera y esperaba.

Los trenes pasaban.

Algunos sin detenerse,

otros llenos de rostros que

no lo miraban.

Y seguía allí

con los ojos en los rieles,

como si solo esperara

una bella razón para

quedarse.

L.G.