Un frío de enredadera
trepaba por tus mejillas
y dos rosas amarillas
mordieron tu primavera.
Se enredó en tu cabellera
un beso de terciopelo.
Tus ojos de caramelo
se durmieron con dulzura
y se prendió en tu cintura
un pedacito de cielo.
Era tu vida el valor,
tus labios eran la brisa
y eran tus manos la risa
y tus ojos el candor.
Se te apagó el resplandor,
sin avisar te dormiste.
¡Qué corta vida tuviste!
Mientras tu cuerpo dormía
la tierra se quedó fría
Rocío… ¿Por qué te fuiste?