Tras el descanso,
tras el viaje al subconsciente,
entre sueños reconocidos
y otros extraños.
Entre la gracia y la pugna,
la dicha y la desgracia,
cada amanecer nos devuelve
su silencioso regalo.
Y al compás de la luna,
en un ciclo universal
que no entiende de milagros...
amanece, que es mucho
para quien pueda contarlo.
Se esconde la luna, se hace la luz. Vuelta a la calle.
Paso a paso, cada cual a su ritmo,
a los avatares de la vida, a seguir el camino...
a las batallas y conquistas personales, a los merecidos descansos.
Y al compás de la luna,
cada cual con sus afanes,
entre caricias y heridas,
entre mieles y hieles...
sigue marchando,
sigue jugando,
sigue lidiando.