Juan Roldan

Malditos

Almas que hicieron de la herida un canto,
proscritas por el orden y el decoro,
quemaron juventud, salud y el oro
bebiendo absenta, hastío, luz y espanto.

Baudelaire, Rimbaud y su quebranto,
Verlaine, Mallarmé y el abismo en coro,
alzaron su palabra ante el desdoro
de un siglo gris, mezquino y sin encanto.

Caminaron a ciegas al ocaso,
hermanos del silencio y la locura,
parias de los versos, ángeles caídos.

Y hoy, que el tiempo limó su triste paso,
su sombra brilla, solitaria y dura,
con versos que jamás fueron vencidos.