JUAN MIGUEL MORENO VILLAMIZAR

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LA UNION DE LOS PATIOS CON MI 

CUERPO.

En las madrugadas de llanto aprendí a amar a 

mi cuerpo esa bola en la garganta qué aprieta

mi pecho y me destruye por dentro causando 

desespero esa ansiedad destructiva caótica e 

interactiva persuade mi mente, el caos presente 

rutina de dolor diaria de desesperación, amo mi 

cuerpo he aprendido a comprenderlo templo 

sagrado de Dios donde mora la divinidad de 

Cristo, regalo ardiente del bautismo y fragilidad 

humana, cuerpo existente que causa desespero 

presenta y me hace sentir mal al no verme como 

los demás pero he empezado a creer en la belleza que tengo y en la realidad de este cuerpo el don 

preciado de Dios, el cuerpo.

Misticismo y terror, pero promesa cumple el 

misterio, él cuerpo santo es frágil y bello quien 

podrá conservarlo eterno si no es moral consigo 

mismo y mundano, que causa terror al humano 

como mantenerse puro y llegar a la tierra duro, 

como ser macizo cuando frágil es a la tentación, 

mi cuerpo es hermoso es blanco es árbol, es 

martillo es sangre es poder, es debilidad es amor 

es manzana, es carne es hueso y es pastel, dulce 

o salado no se sabe en realidad que es, lo único 

que se entiende es que es humano también.Amar a mi cuerpo y compararlo con lo bello es 

tan grande como los patios y tan profundo como 

los llanos; es tan creciente como los estoraques y 

las axilas; abundan grandes árboles de la 

ciudad; es íntimo e imperfecto, pero es bellísimo 

como la ciudad; es la sabana, tan bello como 

este hermoso cuerpo, que yo valoro y debo cuidar; 

es el gran templo de Dios en realidad.

La grandeza patiense y la masculinidad la 

fragilidad y la valentía arrolladora todo eso 

comprende un honor de ladrillos una tetilla 

rosada un postre sin probar una delicia en los labios la sandía de mi boca, las cerezas son 

pasteles y la saliva es dulce, las cejas y el cabello 

el linaje es suave, es parte de identidad oscuro 

son los ojos donde mora el alma y negro los 

cabellos donde piensa el que más habla y para 

terminar este poema no me queda más que 

pensar en el maravilloso templo que Dios me dio 

en realidad.