Duende viento de los velos
que por el campo de noche
va enredando tus cabellos
con un silencio de monte.
Tengo celos de la brisa,
alondra de vidrio y sombra,
que te roza las mejillas
mientras el río te nombra.
Tu vestido es un olivo
de lino temprano y esencia,
que guarda tu cuerpo vivo
en la yerba de inocencia.
Y tu risa de granada,
fruto de rojo encendido,
va sembrando por la senda
un reguero de gemido.
Miro tu andar de azucena,
tu hechura de miel y cobre
y envidio el lienzo de luna
cuando de noche te cubre.
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