Deja ya de lamer la miel aciaga
del hálito marchito del ocaso.
Rescata tu rubor que ya se apaga
y encuentra la canción en el retazo
Deja ya de mecerte en el regazo
del canto que retuerce las heridas
extirpa el suave arrullo de su lazo
y convoca a las musas forajidas.
Deja al verso brotar de su simiente
que sacuda tus ramas en su abrazo.
Despunta alborada, libre e insolente
que cálida recorra tu espinazo.